El diálogo sobre la Naturaleza como sujeta y sus derechos es una conversación híbrida y transdisciplinar, acudimos al lenguaje del derecho para expresar lo evidente, que la naturaleza está viva y tiene derechos.

Estamos viviendo las secuelas que ha dejado la enfermedad llamada ‘perfección’; que confunde la felicidad con acumulación. Esta enfermedad ha transgredido las leyes del universo, ha reprimido todo aquello que sea diferente, pues prima el monocultivo nacido en gran parte de la deforestación. Se han ensuciado las aguas, se han destrozado las montañas, así la vida perfecta fue reducida a una máquina de producción, y los sueños que venden son prestigio, fama y una gran mansión (no importa si esta está sobre humedales que fueron fuente de agua y vida).

En este mundo perfecto no hay permiso para pensar y todos deben vestir igual. A la Tierra le arrebataron la dignidad, ahora es tratada como un objeto inerte al servicio del capital. La vida se ha vuelto una competencia, una lucha por engordar las cuentas bancarias a expensas de la explotación y la contaminación, es así como nos hemos dirigido a la crisis multidimensional de la actualidad. Ante tanta destrucción, necesitamos ahora una solución.

Para remediar una situación debemos conocer bien la enfermedad.  Antiguamente la Tierra fue dotada de un aspecto sagrado y considerada como un organismo vivo, y el ser humano se entendía como parte de ella. Con la entrada de la revolución científica e industrial la naturaleza empezó a ser estudiada y catalogada como un objeto, como lo expresa Capra, el esfuerzo científico se dirigió a “reducir los fenómenos complejos a sus partes constitutivas para lograr entenderlos” (Frijot, 1992, P. 30).

En este estudio separatista se olvidó que todo está interconectado, interrelacionado, intercomunicado (se olvidó el buen vivir), se separó al ser humano de la naturaleza y la Tierra dejó de ser vista como viva y sintiente hasta llegar a ser denominada como: recurso natural. Esta reducción de la noción de naturaleza sagrada a un bien de consumo de la especie humana es unos de los principales antecedentes cuando nos preguntamos ¿a partir de dónde y cuándo los ecosistemas se encuentran en peligro de destrucción dando lugar a la necesidad de idear herramientas para su protección?
El estado actual de crisis ambiental ha hecho urgente la necesidad de implementar mecanismos de protección de la naturaleza. Como respuesta a esta problemática nacen los Derechos de la Naturaleza.  Estos derechos han sido parte de las estrategias utilizadas por diferentes países para remediar la crisis ecológica.  El reconocimiento de la naturaleza como sujeta de derechos es una realidad jurídica; sin embargo, su promulgación viene acompañada de varios retos, entre ellos está el hecho de que el sistema jurídico sigue basado en un modelo hegemónico y mercantil, centrado en una esfera de poder político que ve a la naturaleza como objeto/recurso natural.

Esto representa un obstáculo para una efectiva aplicación de los Derechos de la Naturaleza e implica deconstruir desde la raíz el paradigma antropocéntrico, eurocentrista y su idea de instrumentalizar la vida, pues como dice Arturo Escobar: el derecho moderno sigue respaldando las estructuras de poder que mantienen la subyugación de la naturaleza, por lo tantoes momento de empezar a construir alternativas prácticas que respondan a la necesidad de sanar y preservar a la naturaleza.
El diálogo sobre la Naturaleza como sujeta y sus derechos es una conversación híbrida y transdisciplinar; acudimos al lenguaje del derecho para expresar lo evidente: que la naturaleza está viva y tiene derechos. Esto nos lleva inevitablemente a recurrir a las diferentes áreas del saber, desde el arte y la astronomía, hasta la biología y el derecho, para poder responder a la variedad de preguntas que surgen al tratar este tema, como, por ejemplo: ¿qué es la naturaleza? ¿cuál es su importancia? ¿podemos los seres humanos asignar derechos a la naturaleza?  ¿cómo podrá la naturaleza ser escuchada?  ¿somos nosotros parte de la naturaleza? Estas cuestiones hacen parte de un debate que nos propone hacer una pausa y re-entender la manera en la que nosotros como seres humanos nos hemos relacionado y entendido hasta ahora con la naturaleza.

Es de vital importancia comprender que la naturaleza tiene valor en sí misma independiente de las personas, Gudynas lo ha denominado como el giro biocéntrico. Es decir que hay una necesidad de deconstruir el modelo de derecho moderno y transitar hacia un derecho “sentipensante”, expresión popularizada por Fals Borda, o en palabras de Cormac Cullinan, necesitamos un Derecho Salvaje, no sé si Cormac conozca el término sentipensante de Fals Borda, porque no lo menciona en sus escritos, pero definitivamente lo describe con mucha acertividad cuando se refiere a los Derechos de la Naturaleza y su realidad práctica al decir que “ debemos usar tanto las yemas de los dedos como el corazón para sentir plenamente su significado” (Cormac, 2019, p. 175). 

En síntesis, los Derechos de la Naturaleza son un camino que requiere generar nuevas ideas, discursos y prácticas al tiempo que se construyen diversas y plurales propuestas de acción cotidiana en las esferas tanto individuales como colectivas.

Referencias

  • Arturo Escobar.  Sentipensar con la tierra: Nuevas lecturas sobre desarrollo, territorio y diferencia, (Medellín, UNAULA, 2014).
  • Cormac Cullinan. Trad. Ramiro Ávila. Derecho Salvaje: Un manifiesto por la justicia de la tierra. (Green books. 2019. ) pág 175.
  • Eduardo Gudynas. El mandato ecológico. Derechos de la naturaleza y políticas ambientales en la nueva Constitución (Quito,Abya Yala, 2009).
  • Frijot Capra. El punto crucial: Ciencia, sociedad y cultura naciente (Buenos Aires, Argentina Troquel S. A, 1992) pp. 28 – 32.
  • Victor Moncayo. Orlando Fals Borda: Una sociología sentipensante para América Latina. (México, D. F. : Siglo XXI Editores ; Buenos Aires : CLACSO, 2015)