“debemos tener claro que, sino cambiamos ese viejo y obsoleto chip de creer que los problemas se acabarán enviando a todos a la cárcel, y se enfocan en un nuevo horizonte jurídico donde las penas se dicten acorde a la situación particular de cada individuo, seguiremos inmersos en un sistema obsoleto, abarrotado, que funciona a las patadas, que todo el tiempo carga con él una bala de oxigeno esperando minuto a minuto, hora a hora, su eventual y trágico colapso cuál crónica anunciada..”

Hace algunos años durante la realización del examen de estado saber pro, me encontré una figura jurídica llamada “Hurto Famélico”, desde allí mi interés y curiosidad me transporto a conocer cada pequeño detalle de esta figura que hasta ese día desconocía y no escuche mencionar en mis clases de derecho.

Comencé por conocer cuál es la situación o circunstancia por la que se le aplicaría esta figura  a una persona en Colombia, lo primero que se encuentra es que en nuestra normatividad la figura cambia de apellido y pasa a llamarse hurto por necesidad o por hambre, esto dependiendo del legislador, de igual forma la misma necesita de requisitos o circunstancias especiales para ejecutarse, las cuales son:

  1. La sustracción de un objeto de primera necesidad.
  2. El no uso de la violencia durante la comisión.
  3. La intención de satisfacción de necesidades personales o familiares del momento.
  4. No haber cometido delitos con anterioridad.

En estas circunstancias, al tratarse de una motivación surgida de una situación desesperada el legislador aduce que el que cometiere el ilícito enmarcado en esta figura no amerita detención intramural, sino amonestación por parte de la justicia e inmediatamente ser incluido en la base de datos de delincuentes conocidos.

Ahora, una vez planteadas y explicadas las nociones generales centrémonos en la actual situación mundial y del país que se genera por la pandemia causada a raíz del virus Covid-19, en esta debemos empezar aludiendo que para nadie es un secreto el incremento en el nivel de desempleo, que ha llevado a muchas familias al borde de la escases alimentaria y por más que el gobierno trate de mermar esta situación, dentro del territorio nacional se ha presentado un crecimiento exponencial en los índices de hurto por hambre o necesidad en personas que el momento, las circunstancias y la desesperación los han llevado a cometer este delito, desde  manzanas, peras o carnes, hasta cubos de caldo de gallina y gaseosas; problemática que ha causado una crisis en el sistema penal, por una única e inequívoca razón y es que nuestros funcionarios son “carceleros”, con esto quiero decir que prefieren detener intramuralmente a la persona que por alguna circunstancia llegó a la decisión de salir corriendo para tomar una manzana y saciar su hambre antes que solo amonestarla, por “cumplir” con una dicha cuota carcelaria, porque a todas estas el funcionario que más personas lleve a la cárcel es del cual se habla mejor.

Pero esto a su vez es algo que nos afecta a todos, al ser recluidas las personas que cometen este tipo de hurto en centros penitenciarios se lleva a un aumento de la población interna en los mismos ayudando así a proliferar el fenómeno del “hacinamiento carcelario”, al ocurrir esto en tiempos como el actual donde se vive una pandemia, se corre el riesgo de aumentar el número de reos contagiados por el virus, lo cual a corto y mediano plazo terminará por esparcir de nueva cuenta el covid-19 dando paso a un nuevo aumento en el desempleo a raíz de los picos de infección y la ocupación informal, adentrándonos en un círculo vicioso, el cual nos asemeja al uroboro, quien simboliza un ciclo constante y eterno.

Para concluir y analizando las palabras antes escritas, debemos tener claro que, sino cambiamos ese viejo y obsoleto chip de creer que los problemas se acabarán enviando a todos a la cárcel, y se enfocan en un nuevo horizonte jurídico donde las penas se dicten acorde a la situación particular de cada individuo, seguiremos inmersos en un sistema obsoleto, abarrotado, que funciona a las patadas, que todo el tiempo carga con él una bala de oxigeno esperando minuto a minuto, hora a hora, su eventual y trágico colapso cuál crónica anunciada.