La violación no es un acto sexual, sino que es un acto de poder, dominación y punición” (Rita Segato, 2017)

Nos situamos ante una estructura social, política, judicial y policial basada en prácticas patriarcales que sustentan, reproducen y validan la misoginia y la violencia sexual contra nuestros cuerpos. Estamos en medio de pactos patriarcales que, a través de políticas machistas fundamentadas en la creencia de que los hombres son superiores a las mujeres, premian la violencia sexual y perpetúan la impunidad en casos de violación, acoso y maltrato hacia las mujeres.

Los abusos sexuales, acosos y la violencia policial contra las mujeres durante las protestas son evidencia de que no estamos hablando de crímenes sexuales aislados, sino que hablamos de crímenes sistemáticos y generalizados basados en el poder, la dominación y la punición. Así, los violadores de la fuerza pública no están motivados por el deseo sexual, sino por el deseo de castigar a la víctima y/o de demostrar su poder ante otros hombres.

Las violaciones por parte de los miembros de la fuerza pública no son pocas, pues estas prácticas perversas de poder se han denunciado en Cali, Popayán, Bogotá, Acacías, Palmira y contando, según el Observatorio de Violencia Policial de la Organización Temblores. Retenciones para violar a las mujeres, ultrajarlas y vaciarlas de dignidad son la realidad que azota a las mujeres tanto en tiempos de protesta como en la cotidianidad.

¿No es triste ser conscientes de que si somos violadas, ultrajadas y violentadas el camino menos peligroso es el silencio porque la justicia no existe para nosotras? De acuerdo a Lina Porras, investigadora de Temblores, a pesar de las denuncias de violencia sexual por parte de las víctimas, lo que prevalece en Colombia es el silenciamiento, dado que social y culturalmente este ha sido normalizado. Así, tendencialmente las víctimas de violaciones son culpadas, estigmatizadas y revictimizadas por parte de las instituciones y de la sociedad.

Ya son 16 mujeres que han sufrido de abuso sexual por parte de las fuerzas públicas: policía y Esmad, durante las represiones en tiempos de marchas contra la Reforma Tributaria del presidente Iván Duque y su partido político, el Centro Democrático. Sabemos que estos son los casos que han sido denunciados, pero ¿cuántas mujeres callan ahora su dolor por temor a ser asesinadas, amenazadas o juzgadas? Según la Defensoría del Pueblo en 17 días de protestas se han recibido 87 reportes de violencia contra mujeres y personas con orientación sexual e identidad de género diversas.

Entre lágrimas, dolor e impotencia solo pienso que hay que desarmar el patriarcalismo para dejar de legitimar y aceptar que los cuerpos de las mujeres se usen como formas de control por parte de la fuerza pública. Sin embargo, y para nuestro pesar, soy consciente de que esa lucha lleva siglos y que puede tardarse varias décadas más. A pesar de ello, y manifestando mi profundo respeto por USTED

aquellas mujeres que han sido despojadas de su dignidad, tranquilidad y paz por las prácticas salvajes, imperdonables y repudiables de algunos de los miembros de la fuerza pública en tiempos de protestas legítimas.

Las aliento a denunciar y a dejar por escrito lo que sucedió para desajustar el sistema patriarcal de las instituciones policiales y las estatales.

Ciertamente, intentar desajustar el sistema de patriarcalismo opresor y misógino denunciado los actos atroces de violaciones sexuales no es una decisión fácil en países como el nuestro, pero es un camino posible que puede abrir espacios de apoyo a quienes han sufrido estos ultrajes, así como también redes de resistencia jurídica, política, social y cultural que unidas retumben, generen eco y desarmen algunas de las estructuras más fuertes del patriarcado.

¡Mujeres!

 No es tiempo para rendirnos en la lucha, así como tampoco es tiempo de callar. Más bien, es tiempo de denunciar y acabar con aquellas costumbres patriarcales de la sociedad colombiana que se hacen visibles con instituciones como las de la fuerza pública, las cuales enaltecen y defienden la violencia contra nuestros cuerpos.


Referencias