No necesitamos un País que hable de izquierda y derecha, sino una ciudadanía que ejerza el empoderamiento humano que le permita al individuo desarrollar sus habilidades y capacidades cognitivas para hablar y discutir sobre contenidos e ideas que persigan la dignidad y el desarrollo humano.

Según la RAE la palabra Diada refiere a la Pareja de dos cosas estrechas y especialmente vinculados entre sí, la cuales son inseparables y esenciales para la supervivencia de la otra.

La izquierda y la derecha, sin duda son una de las diadas más determinantes en Colombia. Podría decirse, que esta sería una buena diada si sus contenidos y significados reales estuviesen en la mente humana y en la parte cognitiva del individuo, pero si no es así, esas discusiones superfluas entre personas que constantemente se ven en redes sociales, muchas hasta el extremo de la vida y la muerte, hay que eliminarlas, y para eso habría que eliminar del lenguaje los términos izquierda y derecha.

Hoy, al ver discusiones sobre esta diada, suelen verse erradas posiciones donde izquierda y derecha solo se relaciona con guerrilla y paramilitarismo o Venezuela y cuba. Si bien es cierto estos elementos pueden tener relación, estas dos corrientes de referencia política son de un inmenso contenido profundo y extenso.

Pero, Cuando hablamos de izquierda y derecha, ¿de qué hablamos?

Lo primero que se debe señalar, es que no es correcto hablar de izquierda y derecha sino de izquierdas y derechas. Hay varias izquierdas y varias derechas, cada una de ellas tiene contenidos y matices que conocer e interpretar.

Cuando hablamos de contenidos, es en referencia a las libertades civiles y sociales, a la garantía de derechos humanos, a la igualdad y libertad como principios, al intervencionismo del estado y estado mínimo, al libre mercado, la economía, las tradiciones, costumbres y la cultura, entre otros elementos que definen las izquierdas y las derechas.

Las izquierdas pregonan la búsqueda de la igualdad social, las libertades civiles y la garantía de derechos. Puede hablarse de muchas corrientes, pero las más frecuentes son, la liberal clásica, la corriente del progresismo, la social democracia y el eufemismo del comunismo.

El liberalismo clásico no concibe las monarquías y se enfrenta a ellas, niega los autoritarismos, percibe la inclusión y la participación de todos, no de las élites y de unos pocos sino los que en democracia puedan llegar al poder. Por su parte la corriente progresista pregona por la búsqueda del desarrollo de un estado del bienestar, la defensa de derechos civiles, la participación ciudadana, la redistribución equitativa de la riqueza y la democratización del desarrollo.

La Socialdemocracia tan sonada en el lenguaje de las masas, busca la consecución de varios principios, pero uno en especial: LA IGUALDAD. Pero… ¿La igualdad de qué? Pues bien, persigue la igualdad en el acceso a los derechos humanos que el individuo adquiere en los diferentes momentos de su vida, pues según explican algunos autores, lo cual estoy de acuerdo, el ser humano no nace con derechos (excepto la vida) sino que los adquiere en el transcurso de su vida.

Pero ¡Alto! ¿y la Libertad? Se hace necesario hablar entonces de dos clases de socialdemocracia, una negadora de la Libertad y otra afirmadora de la libertad. La primera es el clásico ejemplo de Cuba y de Venezuela. En Cuba el índice de desarrollo humano del PNUD indica que garantiza el acceso a muchos derechos humanos a toda la población, con altos indicadores en la esperanza de vida y en la escolaridad. Pero contrario a esto, el índice de democracia de la revista The Economist que mide las libertades civiles, nos muestra a Cuba con una muy baja calificación declarándolo como un régimen autoritario donde no existe libertad de opinión ni de prensa, no existe oposición ni mucho menos libertad de mercado. Un estado intervencionista que lo domina todo. ¡Es una dictadura! La social democracia negadora de la libertad, para muchos deja de ser socialdemocracia y pasa a llamarse Socialismo.

Por otro lado, la socialdemocracia afirmadora de la libertad, no solo busca la igualdad social sino además alardea una sociedad con libertades civiles y en democracia. Plantea un equilibrio entre una sociedad Civil fuerte y empoderada con amplia participación, un estado que regule, pero con una sentida gobernanza que implica la participación de la ciudadanía, y por otro lado un libre mercado que tenga la posibilidad de surgir. Desde este código la social democracia es un verdadero y real estado Social de derecho. Los Países más desarrollados en el mundo están en Europa, considerados socialdemócratas y en democracia Plena. Suecia, Finlandia y Noruega son algunos ejemplos, ocupan los primeros lugares tanto el índice de desarrollo humano del PNUD, como en el índice de democracia de la revista The Economist.

Por otro lado, están las Derechas, las cuales están basada en contenidos del conservadurismo, lo cual incluye como lo dice el mismo termino, conservar las tradiciones, la religión y las costumbres políticas. Para la derecha no es relevante hablar de concentración de la riqueza, sino que por el contrario pregona conservar las clases sociales. Tampoco prevé cambios qué normalmente deben existir de generación en generación, sino que plantea una especie de obediencia e inmovilidad con aquello que ha sido heredado de nuestros ancestros ya muertos, y que pase intacto para que sea obedecido por aquellos que están por nacer. El conservadurismo plantea pleitesía a lo heredado por encima de lo que está por ser descubierto. Obediencia a la tradición y a lo que existió, y a lo que debe conservarse en el futuro. Para los conservadores todo debe estar definido e intacto.

Sin embargo, como ya se ha dicho, hay que hablar de derechas y no de una sola. Muchas derechas son reaccionarias a las izquierdas, se manifiestan expresiones defensoras del nacionalismo y otras que rechazan el comunismo. También encontramos una corriente conservadora de toque liberal, que algunos acercan a la llamada centro derecha y moderadamente permite algunos cambios sociales.

Puede reflexionarse al respecto y plantearse que la sociedad se hace no solo entre aquellos que están vivos, sino con aquellos que están muertos y también con aquellos que están por nacer.

Ahora bien, él contenido de las ideologías es distinto al de las personalidades políticas, muchos políticos alardean ser democráticos y hablan de las virtudes del progresismo, pero al momento de gobernar son autocráticos y totalitarios. Se eligen bajo la hipocresía de mostrarse con los valores de la democracia y el estado social de derecho, pero como lo decía Montesquiu, el hombre dotado de poder está tentado a abusar de dicho poder, y se convierten en dictadores. Muchos políticos que se autoproclaman de izquierda y derecha son ejemplo de lo anterior, pregonan moralidad y aplican corrupción.

Al final, las palabras izquierda y derecha son solo un punto de referencia política que en la cultura política de Colombia termina desorientado, porque los verdaderos contenidos no están incorporados en la mente del individuo. La mal información, la tergiversación, las emociones y la falta de formación, conllevan a que muchos seres humanos sean sensibles a cambiar de opinión constantemente, pues el conocimiento que tienen es muy corto o muy alejado de la realidad. Mientras eso siga pasando no se hablara de contenidos y se seguirá usando de manera equivocada las palabras izquierda y derecha.

No necesitamos un País que hable de izquierda y derecha, sino una ciudadanía que ejerza el empoderamiento humano que le permita al individuo desarrollar sus habilidades y capacidades cognitivas para hablar y discutir sobre contenidos e ideas que persigan la dignidad y el desarrollo humano.

Usar los términos izquierda y derecha sin conocer sus profundos contenidos, hace y hará daño a la sociedad. Una diada dañina que debe desaparecer.

Por Michel Baldovino López

Abogado.​ Especialista de derecho administrativo. Candidato a magister en Ciencia Política y Gobierno.