Los jóvenes no son el futuro, somos el presente y motor de cambio que día a día buscamos contribuir a reducir las problemáticas que nos afectan como parte de la sociedad

El rol de los jóvenes como entes políticos, sociales y activistas ha tomado un papel fundamental en los últimos años entendiendo la conexión que se tiene a nivel generacional con niños y adultos. Hoy en día, las discusiones en torno a los aspectos sociales, ambientales y económicos enmarcados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030, consideran las iniciativas juveniles y en general a los jóvenes como actores que tienen voz y voto en las decisiones que se tomen.

En esta ocasión, abordaré dos iniciativas juveniles colombianas compuestas por jóvenes comprometidos, soñadores y en busca de contribuir por un mejor futuro para todos. La Red Nacional Jóvenes de Ambiente (RNJA) y la Red de Jóvenes por los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Red JODS), son dos organizaciones que nacen como iniciativa de jóvenes que evidencian una problemática y se apropian de las soluciones. Por un lado, la RNJA se enfoca en la preservación ambiental con el lema “por el ambiente nos la jugamos toda”, mientras que la Red JODS se acoge los 17 ODS contribuyendo a la Agenda 2030.

Más específicamente, la Red Nacional Jóvenes de Ambiente es una organización con 12 años de trayectoria en el país, la cual promueve el diálogo y la participación juvenil con el propósito de contribuir al Desarrollo Sostenible, a partir del liderazgo, intercambio de conocimientos y la realización de acciones individuales y colectivas a través del ejercicio de un voluntariado consciente de los desafíos que trae la transformación de las realidades locales, departamentales y globales (Red Nacional Jóvenes de Ambiente, 2016).

Por otro lado, la Red de Jóvenes por los Objetivos de Desarrollo Sostenible se crea aproximadamente hace año y medio con el propósito de unificar esfuerzos para dar cumplimiento a la Agenda 2030. Esto se hace por medio de: 1) la construcción de una consciencia colectiva a nivel nacional e internacional, a través de la integración de organizaciones e iniciativas juveniles y; 2) la formación de líderes interesados en aportar al cumplimiento de los ODS, con el fin de visibilizar sus contribuciones, proyectos y actividades (Red de Jóvenes por los Objetivos de Desarrollo Sostenible, 2020).

Gracias a sus acciones diarias, estos jóvenes dedican parte de su tiempo, entre sus actividades académicas, laborales y vida personal, para realizar tareas de voluntariado que les permite seguir su crecimiento personal y profesional, y sentir que son parte de un proceso que contribuye a la sociedad. El voluntariado juvenil es una práctica que se viene desarrollando por años con diferentes enfoques, de acuerdo a la organización que lo ofrece, en donde la persona además del tiempo dona su trabajo, conocimiento y talento al servicio de un propósito común.

Como miembro de estas organizaciones, he sido testigo del esfuerzo, tenacidad, creatividad, liderazgo, ganas de salir adelante y de luchar por nuestros ideales que tenemos los jóvenes. En este sentido, somos más que una iniciativa; somos organizaciones con una estructura definida, unos documentos que nos rigen y un plan de acción claro que nos permite ejecutar unas actividades programadas.

Dado lo anterior, se evidencia que los jóvenes tienen más que aportar de lo que se cree comúnmente y que nuestros intereses se articulan con el trabajo colectivo que incluso, gracias a nuestras habilidades tecnológicas y capacidad de relacionamiento, nos ha permitido crear alianzas con jóvenes a nivel internacional ampliando el impacto que generamos.

Para concluir, estas dos organizaciones son solo algunos de los ejemplos de organizaciones juveniles que le apuestan al cambio, aportando en la medida de sus posibilidades a la solución de problemáticas que afectan a una población y a sus territorios.

Bibliografía

  • Red de Jóvenes por los Objetivos de Desarrollo Sostenible. (2020). Somos Red JODS.
  • Red Nacional Jóvenes de Ambiente. (2016). Documento Mínimos Vinculantes.

Por Natalia Alexandra Barrera Alvarez

Miembro de la Fundación Grothendieck.