¿Por qué existe la idolatría política?

Se ha personalizado la política, en parte, como consecuencia del desprestigio de los partidos.

En ciencias políticas se conoce como partidocracia, aquellos regímenes donde los partidos políticos son plataformas en defensa de una filosofía o ideología política y que por convicción agrupa distintos sectores que promueven sus tesis en la búsqueda del poder. En los países donde existe la partidocracia los partidos suelen ser fuertes, en el sentido que la ciudadanía defiende y proclama una organización política (partidos) y no a un individuo.

Al final Partidocracia es el gobierno o la influencia de los partidos políticos, los cuales pretenden una vez en el poder, ser los tomadores de decisiones en el país que gobiernan a partir de las ideas que pregonan.

Hasta aquí todo bien en lo que solo son palabras. Lo anterior puede entenderse de buenas formas si se pensara que los partidos políticos siempre son consecuentes con sus ideas, pero la realidad nos muestra algo muy distinto que ha terminado en lo que se ha llamado: el desprestigio de los partidos políticos.

La crisis de los partidos políticos no es una realidad solo de Colombia, sino un problema enquistado en muchos países del mundo. Existe una innegable apatía y desafección hacia las instituciones de los gobiernos, (que han sido electos mediante partidos) debido a la ausencia de las mismas al momento de satisfacer las demandas societales cuando se está en el poder.

En el caso de Colombia, hay que decir que pasó del bipartidismo a ser un sistema de partidos o multipartidismo, donde surgieron muchas organizaciones que querían ingresar a la lucha por el poder. La crítica a los partidos es unánime y radica en parte, en su ausencia para ponerse al frente y tomar posición de los verdaderos desafíos del país, prefieren pasar de agache y ser indiferentes. Hoy solo piensan en ser plataformas electoreras en búsqueda de votos. La crisis de los partidos políticos se intensifica cuando se hace evidente que solo les importa la burocracia, repartirse los cargos de más alto poder en las esferas de lo público.

En Colombia los partidos políticos han perdido fuerza, se notan débiles y con un enorme desprestigio, y por eso muchos actores políticos han optado por dejar de hablar de organizaciones partidistas para empezar a hablar de ellos, muchas veces sintiéndose y promoviéndose como creadores de ideas y filosofías políticas, y en consecuencia se ha generado lo que se conoce como: la personalización de la política.

La personalización de la política hace referencia al hecho de que el lenguaje político concentra la atención en los atributos personales y en las características de la personalidad, de quienes aspiran al poder, por encima de las propuestas políticas, argumentaciones sustentadas y sus capacidades de liderazgo. La personalización de la política no es otra cosa que el protagonismo que han adquirido los actores políticos, el cual se sitúa en el centro del proceso político como principal foco de atención.

Hace algún tiempo, desde la teoría racional, elementos como la ideología, la clase social y la religión eran esenciales para la decisión del voto, pero hoy, son las virtudes, las estrategias, el uso de las redes y el marketing del individuo político los elementos vertebradores de las decisiones políticas que toman los electores.

¿Pero qué ocurre con ese protagonismo exagerado que persiguen muchos actores políticos? Si ya no se defiende un partido u organización política, ¿ahora se defienden personas?

Pues sí, esa es una realidad en Colombia, lo que genera una gran preocupación por lo peligroso que puede ser. No hay nada más peligroso que un hombre endiosado e inflado en su egocentrismo, sus ansias de poder maquiavelizan las formas y normalizan el todo vale.

Y frente a ello están las emociones. Somos un país sensible, expuestos a cambiar de opinión si cambian las emociones, las cuales por estrategia son agitadas sin control por parte de quienes quieren el poder, generando grupos de fanáticos sin freno, no de partidos políticos, sino de individuos. Entonces se causa lo que se llama: Idolatría Política.

Los istas son inmensamente peligrosos, uribistas, petristas etc; se puede ser afín con los planteamientos y tesis de un político, se pueden exaltar sus virtudes, ser admirador e incluso seguidor, pero bajo la objetividad que solo la da estar bien formado e informado, lo cual genera pensamiento crítico para dicho actor político.

Debe existir opinión libre y de pensamiento crítico, endiosar un político es humillar al ciudadano, denota al individuo como un ser alienado que interioriza que su amo es el dueño de la verdad.

Se puede apoyar y defender con fuerza y vehemencia una idea y un ideario político, pero no vivir bajo el fanatismo que ciega y hace ver mal a ese individuo que solo repite y repite porque no es capaz de hacer un alto para pensar.

Bien lo decía Montesquieu: “cuando el hombre está dotado de poder está tentado a abusar de ese poder” , pues bien, cuando el hombre está en estado de idolatría , lo más posible es que se aproveche, someta y engañe a la ciudadanía que lo idolatra.