“…no podemos seguir pensando que todo está bien y normalizar este tipo de prácticas, debemos realizar las denuncias respectivas para que esto no siga sucediendo…”

Encontramos hoy en día una situación bastante compleja en nuestro país, pero que ya pareciera que se ha normalizado y es ir caminando por la calle y de repente encontramos con obras como hospitales inconclusos, colegios que se encuentran en “proceso”, una que otra carretera sin terminar o con huecos, e inmediatamente se nos vienen unas series de preguntas como ¿Qué pasó con estas obras? ¿Se acabó el dinero? ¿Se la robaron? Son muchos los factores que llevan a que estas obras queden inconclusas, pero se origina una duda y es que no son nuestros gobernantes los principales responsables para que esto no suceda.

Nuestros gobernantes por obligación directa de nuestra constitución política son los principales garantes en la protección de los recursos públicos, así como ser ellos mismos los que le deben exigir a los contratistas que cumplan con dichas construcciones, sin embargo, encontramos que estos en busca de la aprobación cortoplacista y de vender la imagen que están “trabajando” o que están realizando una buena gestión, se empeñan en empezar estas mega obras sin una proyección clara de cómo terminarlas. 

Es oportuno manifestar, que soy de los que piensa que estas obras son necesarias para el crecimiento de un país, departamento o ciudad, estas traen consigo un desarrollo significativo en la población, sin embargo, creo que estos pierden el foco principal y omiten problemáticas de fondo, que por esta pandemia se incrementaran, como lo son el desempleo, la educación, además del mal que parece nunca acabar, la pobreza.

Todas esas obras inconclusas que observamos son las llamadas coloquialmente elefantes blancos, tomando como base las investigaciones realizadas por la contraloría, esta manifestó que encontró el 21 de febrero del presente año (2020) en todo el país más de 1.176 proyectos críticos, obras inconclusas y elefantes blancos sin utilidad pública y social, por $8,6 billones. También en otra investigación realizada por dicha entidad determinó que en Colombia existen más de 890 obras inconclusas relacionadas con el área de la construcción y la vivienda, lo que para mí es lo más preocupante de todo, es que los que lideran la lista con un 60%  son en gran parte los departamentos de la región caribe.

Es importante anotar, que son varios los factores que llevan a que dichas obras no se lleven a cabo o que no se terminen, uno de los más importantes es la corrupción, que es un fenómeno que se vive en todo el país, pero también existe otro factor bastante relevante, aunque  muy pocas veces analizado, es precisamente es ese afán constante de nuestros mandatarios por mostrar resultados instantáneos, también de esas promesas o alianzas políticas realizadas en campaña, que lo único que terminan haciendo es acelerando las construcciones, en otros dejándolas a medias, o en el peor de los cas simplemente nunca las comienzan, al pasar el tiempo estas se terminan convirtiendo en la semilla de múltiples problemáticas, sobre salud pública, tiempo perdido en su elaboración y uno no menos importante que termina por desangrar al estado, el dinero perdido.

Es un problema que vemos reflejado en todos los rincones de nuestro país, esto se logra evidenciar desde nuestros congresistas que legislan en temas que son solo de su conveniencia política o la de sus promotores de campaña, en nuestros gobernadores, diputados, alcaldes y concejales, que se enfocan en su gran mayoría todos sus esfuerzos y recursos en promover la elaboración de parques (en algunos casos son marcados solo por ello), pavimentos, etc. que aunque reitero son necesarios para nuestros departamentos o municipios, no suplen las necesidades básicas de subsistencia que debe tener cualquier persona, como lo es educación de alta calidad, que se promueva el empleo digno o un sistema de salud que sea eficiente ; no obstante, se hace necesario recalcar que nosotros como ciudadanos debemos cambiar la mala percepción que tenemos, que para juzgar la gestión de un gobernante debemos hacerlo desde el concreto, una bolsa de cemento o las tejas de una casa.

Esto sin duda alguna es un inconveniente que imposibilita el desarrollo que podemos tener como país, pero debemos ser nosotros mismos quienes nos pongamos en la tarea de supervisar que nuestros mandatarios concluyan las obras o que por lo menos gestionen para que las terminen, además no podemos seguir pensando que todo está bien y normalizar este tipo de prácticas, debemos realizar las denuncias respectivas para que esto no siga sucediendo, porque si no somos nosotros los que en primera medida cuidamos los recursos que salen de nuestros bolsillos, nadie lo va hacer.