Muy peligroso es hablar de centro, porque en muchos casos se genera una incongruencia política de lobos vestidos de ovejas. En campaña son de centro y como gobernantes son autoritarios, muestran lo que son.

En Colombia, durante los últimos años, la política se ha visto permeada de un término que ya es habitual: “La polarización”, y palabras más, palabras menos, no es otra cosa que la creencia de que solo existen dos polos opuestos de los cuales se tiene que ser parte, o se es de izquierda o se es de derecha.

Y si bien es cierto como lo he dicho anteriormente, hay que dejar atrás la diada de izquierda y derecha para empezar hablar de contenidos, también es cierto que el camino de muchos ha sido refugiarse en lo que consideran un nuevo ideario político: “El centro”.

Realmente, como filosofía e ideario político el centro no existe, solo es un punto de referencia política donde muchos se quieren encasillar para no ser catalogado de izquierda ni de derecha, la mayoría de veces bajo un cálculo político-electoral.

Muy peligroso es hablar de centro, porque en muchos casos se genera una incongruencia política de lobos vestidos de ovejas. En campaña son de centro y como gobernantes son autoritarios, muestran lo que son.

Para muchos es mejor utilizar y manifestar dentro del lenguaje, las virtudes del “centro”. Según su imaginario, si se habla de centroderecha o de centroizquierda, el electorado creerá que de ser elegidos gobernarán con ideas de izquierda o de derecha.

Claramente no existen ideas inéditas que nacieron y se crearon con el “centro”, sus ideas dependen de los contenidos e idearios que hoy se ubican en la díada de la izquierda y la derecha. Para ser “punto intermedio” necesitan de los extremos, por definición.

Si se quiere ser centro-centro, puro centro, es necesario partir de fundamentos y planteamientos innatos e inherentes, sobre la vida humana, por ejemplo, pero realmente utilizan las ideologías que ya existen y se muestran como distintos.

Al final, el centro es de una connotación simple de lo político-electoral y no ideológica, lo que puede generar resultados en campaña. Pero cuando se gobierna, se debe hablar de contenidos programáticos y quienes decían ser de centro empiezan a mostrarse de otra forma, a la derecha o a la izquierda, en el grado que sea, para construir un norte. Cuando un político que quiere ser gobernante dice ser de izquierda o derecha ya se sabe que esperar de él, pero cuando se camufla diciendo ser de centro resulta peligroso, porque como ya lo hemos visto cantidades de veces, terminan gobernando mostrando el despotismo de los extremos.


En política no es factible que la mayoría de los elementos cruciales puedan colocarse en un plano cartesiano lineal y los moderados estén siempre en el punto medio de las escalas. La principal razón, es que muchos de esos elementos son cuestiones de fondo, de sí o no: no hay escala.

Ahora bien, una cosa distinta es lo que plantea Lakoff, quien llama ‘biconceptuales’, a aquellos individuos que sobre algunos aspectos de la vida son conservadores y en otros son progresistas.

En cambio, es sano y correcto hablar de racionalismo, que en ciencias política es tener la convicción de que la gente debe votar en función de los programas electorales y de las propuestas de los candidatos. Aunque en nuestra cultura política, realmente los ciudadanos toman su decisión en base a otros elementos como la empatía, la capacidad de transmitir, la confianza entre otros.

En Colombia el centro democrático dice ser centro, como también lo manifiesta el partido verde.

¿Entonces, estos partidos son parecidos o cercanos es sus formas de ver y practicar la política?

Pues no, el primero tiene sus postulados claros y es de extrema derecha, pero quiso titularse con el termino centro para captar réditos electorales, pero en la realidad gobierna como extremo, y el partido verde realmente es una organización de planteamientos liberales y progresistas que en medio de la diada dañina de izquierda y derecha, evidentemente es de izquierda.

Lo cierto, es que, así como hay que de dejar de hablar de izquierda y derecha hay que dejar de hablar de Centro, para empezar a insertar en el lenguaje los contenidos, hablar de libertad e igualdad, de la Concepción de la vida humana, de las libertades civiles, de la democracia y sus virtudes, de economía, etc