El ejemplo sobre el que escribí esta corta columna es uno de muchos movimientos que se están dando en distintas partes del territorio colombiano, que no solo hay que escuchar y visibilizar, sino también proteger y brindar garantías, legislativas y políticas, para defender con seguridad sus territorios y sus vidas”

Son múltiples y diversos los temas de los que una podría escribir al reflexionar sobre el medio ambiente, la Madre Tierra y especialmente, sobre la imperante acción que debemos tomar desde nuestros distintos puntos de enunciación. Empero, en este océano infinito de posibles discusiones decidí escribir hoy sobre una mujer que en los últimos meses me ha abierto la puerta a escucharla, leerla y a ver el mundo desde donde ella lo ve: Nazareth Cabrera. 

Nazareth es una lideresa social uitoto que lucha por la defensa de derechos de la Madre Tierra y de las mujeres de su grupo. Desde su territorio, Araracuara, Caquetá, motiva iniciativas en pro de la protección del medio ambiente y del bienestar de las mujeres y niñas uitoto y ha sido gracias a estos proyectos por los que ha podido participar cuatro veces consecutivas (2016-2019) en el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de la ONU.  A través de mis charlas con Nazareth, que hemos llevado a cabo por llamadas o mensajes, he podido ver materialmente los temas que discutí y aprendí en el programa de los Derechos de la Madre Tierra de la Fundación Grothendieck. De este espacio, admiré la inclusión de multiplicidad de voces y puntos de vista que buscan diversificar el discurso académico y elitista, que se ha constituido alrededor de los problemas ambientalistas. 

Cada punto discutido me recordaba lo hablado con Nazareth durante nuestros espacios de conversación. En primera instancia reconocí la necesidad de la reconceptualización de lo que es “conocimiento válido” y la relevancia del escuchar y aceptar los discursos indígenas, campesinos y étnicos en la discusión sobre el medio ambiente. De igual forma, me di cuenta de que en el proceso de construcción de soluciones para los problemas que el planeta está viviendo es imperativo escuchar a las personas desde sus regiones y reconocer, no solo las relaciones espaciales, sino las relaciones culturales y simbólicas que tienen con sus territorios. Finalmente, esclarecí mi perspectiva frente al tejido existente de las luchas; es decir, vi claramente como la defensa de los derechos de la Madre Tierra no está separada de la defensa de derechos de poblaciones que han sido omitidas e invisibilizadas a través de la historia. 

Los tres puntos mencionados son aspectos visibles en el liderazgo de Nazareth. Considero que, en primera medida, es necesario escuchar y percibir su posición y puntos de vista como válidos, así no se enuncien desde un contexto académico. Su experiencia, relatos y realidades me han enseñado mucho y han guiado, de manera sabia, mi acercamiento a los liderazgos ambientalistas indígenas del país. Asimismo, el conversar con Nazareth frente a la situación cauchera, vivida en su territorio durante el siglo XIX, y la actual introducción de la minería legal que viven ella y su comunidad, muestra que son las comunidades las que saben cómo acercarse a los problemas y de la misma forma, como solucionarlos. La imposición de economías extractivistas, que no solo afectan la tierra, sino también la forma en la que la gente se relaciona con su espacio ha traído retos para los y las uitoto; no obstante, también ha motivado movimientos y búsqueda de estrategias para mitigar el daño ambiental y cultural que el sistema les impone. Por último, para Nazareth, la lucha de la defensa de la Madre Tierra va de la mano con la protección de las mujeres y sus derechos. Ella ve una relación clara entre la dadora de vida, que es la tierra, y las dadoras de vida en la sociedad, quienes son las mujeres. Del mismo modo, la acción de la chagra depende, principalmente, de las mujeres, quienes siembran y retribuyen a la tierra con cuidado. 

Esta corta reflexión la escribo para tejer los que fueron, para mí, las conclusiones del programa de Derechos de la Madre Tierra con un ejemplo colombiano vigente y poderoso, el de Nazareth Cabrera. Igualmente, es clave que movimientos como el de ella empiecen a ser más visibilizados y reconocidos en espacios externos al académico porque son historias como la de Nazareth, las que inspiran y motivan más activismos y construcción de resistencias. Para cerrar, considero importante decir que el ejemplo sobre el que escribí esta corta columna es uno de muchos movimientos que se están dando en distintas partes del territorio colombiano, que no solo hay que escuchar y visibilizar, sino también proteger y brindar garantías, legislativas y políticas, para defender con seguridad sus territorios y sus vidas”.

Por Catalina Santamaría-Soto

Estudiante de Lenguas y Cultura y Antropología de la Universidad de los Andes