En la actualidad existen 3 niveles de gobierno: La nación, las gobernaciones en los departamentos y las alcaldías en los municipios, con la posibilidad de que exista un ente territorial constituido por la población indígena si así lo decide legislar el congreso.

Pero no siempre nuestro País ha tenido esa estructura. Los constituyentes del 1991 discutían la necesidad de un ente intermedio que cumpliera entre otras 2 tareas esenciales, un rol bisagra que articulara los municipios con la nación, y la misión de potenciar la capacidad administrativa de los municipios para asumir todas las competencias y exigencias de la administración pública. Finalmente se creó un ente territorial intermedio llamado gobernaciones, las cuales por muchas razones, intereses económicos, burocráticos, clientelistas y políticas terminaron siendo un tercer nivel de gobierno incluso para muchos, con más poder que los mismos municipios.

¡Hablemos de los Municipios!

Desde su creación, los municipios fueron considerados entes territoriales con poca capacidad administrativa, por eso se crearon categorías que calificaban la gestión y el desempeño administrativo de los mismos, oscilando desde la categoría especial y primera hasta la categoría sexta, siendo ésta última en la cual se ubican la inmensa mayoría de municipios del País.

Para muchos autores la verdadera esencia y donde radica la importancia de los Municipios, es que entre más cerca estén los tomadores de decisiones de las necesidades, más podrán acertar en las obras que requiere el territorio.

Pero, además el principio de control democrático indica que entre más cerca estén los electores de los gobernantes, podrán ejercer un mejor control político.

Ahora bien, hay una inmensa diferencia entre los municipios de algunos departamentos como Antioquia, Cundinamarca y Boyacá, con el resto de municipios de otros departamentos, y esa diferencia radica en la capacidad administrativa para dar respuesta a las demandas sociales que presenta la sociedad.

Podría hablarse de la debilidad institucional para formular proyectos, para recaudar impuestos, para ordenar el territorio, y sobre todo para conectarse con los recursos de la nación, entre otros factores que carecen más de 700 municipios que se encuentran en categoría 6 en todo el país.

Verano de la Rosa, ex constituyente de 1991, ha planteado un modelo de regiones que a mi modo de ver profundiza y potencia las fallas de la descentralización, alejando a los municipios de sus posibilidades de ser verdaderos entes territoriales con poder, autonomía y toma de decisiones.

La figura de la descentralización surge entre otras cosas, por la imposibilidad física del gobierno nacional de trasladarse a cada uno de los municipios para conocer y resolver sus necesidades, así como la inconveniencia de gobernar en los territorios desde la capital del país. Por lo anterior nace la inevitable decisión de no decidir desde el centro sino descentralizar el estado.

Pero ¿Realmente fue así?

La descentralización no es otra cosa que esa figura administrativa que conceptualmente y solo en el papel, que consiste en el otorgamiento de funciones, competencias y poder de decisión a los entes territoriales para generar desarrollo en sus comunidades y dar respuesta a las demandas societales, lo cual evidentemente se ha quedado en el amplio mapa del deber ser sin GPS ni brújula que encuentre rumbo.

La descentralización ha sido fallida porque no logró sus objetivos. No puede hablarse de autonomía sin capacidad administrativa y financiera. La autonomía implica la libertad para la toma de decisiones, pero cuando tienes tantas limitaciones institucionales y económicas, las actuaciones tienen un rumbo según la baraja de posibilidades, como quien dice, los alcaldes deciden según lo que hay y no según lo que debieran hacer a partir de las necesidades de la gente. Un Municipio sin capacidades y solvencia económica es un municipio sin herramientas que hace lo que puede, no lo que debería.

Aún con buenos alcaldes que tengan capacidad de gestión y una gran visión, se quedan cortos ante el mundo de necesidades que padecen los municipios de sexta categorías. Avanzan, pero no al ritmo que quisieran.

Las gobernaciones han tenido una gran responsabilidad en el fracaso de la descentralización. La gran mayoría no cumplieron su papel bisagra de acercar al Municipio con la nación y mucho menos potenciar la capacidad administrativa de dichos entes territoriales. Por eso, entre otras razones, la propuesta de verano de la Rosa no ha encontrado eco en el interior del país, pues mientras en aquellos departamentos se genera desarrollo a partir de gozar con los elementos necesarios de la capacidad administrativa que conllevan a la gestión y sus municipios articulan con el orden nacional, en los municipios de la costa Caribe históricamente ha existido una enorme debilidad institucional y una gran lejanía con la nación.

La era Municipalista implica un verdadero ente territorial empoderado y potenciado es su capacidad administrativa para la toma decisiones, con una verdadera autonomía y con herramientas financieras que permitan ejecutar sus planes de desarrollo. Para eso es necesario plantear cambios en la estructura del estado, redefinir las competencias de las gobernaciones para que sean un ente territorial intermedio que preste asesoría a los municipios y organice el territorio que no corresponde a la municipalidad, que los dineros de la educación sean ejecutados y decididos directamente por las alcaldías y no por las gobernaciones, que los municipios recauden impuestos que hoy no dominan, entre otras modificaciones.

Si verdaderamente queremos transformaciones sociales y hacer realidad el estado social de derecho para la garantía de los derechos humanos, se hace necesario el fortalecimiento de los municipios como instrumento que palpa y conoce las necesidades de las comunidades.